Unos días después de volver de Alemania, marché hacia tierras inglesas. Pasé once días en Gran Bretaña: un día en Londres, luego tres en Escocia, otro día en Londres, cuatro en Gales, y, finalmente, tres más en Londres. En esta entrada relataré mis aventuras en Londres y alrededores, y más adelante escribiré otras sobre los restantes lugares que conocí.
En mi primera tarde en Londres, ya que llegué al medio día al hotel y tenía que comer, fui a visitar, o más bien re-visitar, Buckingham Palace, aunque sólo por fuera. Desde allí llegué a Green Park y más tarde a Hyde Park. Éstos son dos de los parques reales de la capital, en los que se puede dar un paseo muy agradable contemplando, además de sus respectivos lagos, numerosos animales, árboles y flores de todos los colores, alguna estatua conmmemorativa…y al final de Hyde Park, el Royal Albert Hall y el monumento dedicado al rey Albert. Ambos son fantásticos.

Green Park
El siguiente día en Londres, tras el viaje a Escocia, comenzó con el Free Tour por la mañana. Aunque ya había estado en la ciudad y visitado muchos de los sitios a los que te llevan, los guías siempre te cuentan datos e historias muy curiosas; por lo que decidí apuntarme. Pero antes fui a visitar Westminster Abbey, lugar de coronación de los reyes ingleses y de enterramiento de las más importantes personalidades de la historia del país. En ella se encuentran verdaderas obras de arte en forma de tumbas, como la Mary Queen of Scotts, Newton o Shakespeare. Es realmente una maravilla, y merece la pena entrar a pesar del elevado precio de la entrada (como todos los monumentos londinenses).
A continuación, comenzó el Free Tour en Hyde Park Corner, al lado del arco de Wellington…personaje no muy querido en su época (su casa tiene rejas porque la gente tiraba huevos y toda clase de desperdicios contra sus ventanas) pero alabado tras su muerte por haber vencido a Napoleón. Desde allí fuimos a Buckingham Palace y a Trafalgar Square, con su enorme columna con la estatua del almirante Nelson, que falleció en la batalla de Trafalgar…siendo la única víctima en el bando inglés, según nos contaron, dado a su empecinamiento en llevar todas las medallas puestas y hacer así de objetivo al reflejar el sol. Increíble. Más tarde pasamos por el Big Ben, conocido así coloquialmente desde su inauguración ya que su arquitecto se llamaba Ben y era un hombre bastante grande… por lo que a alguien del público se le ocurrió decir que la conocida torre del reloj era un “Big Ben”.
El tour acabó de este modo en las Houses of Parliament, donde nos contaron también la historia de un atentado frustrado contra ellas y sus ocupantes. Y como la mayor parte de los que estábamos allí viajábamos solos, decidimos pasar el día juntos. Así, después de comer fuimos a Covent Garden, dimos un paseo a orillas del Támesis, y, finalmente, hicimos un tour sobre la historia negra de Londres y el East End: la Torre de Londres, St Katherine Docks, la peste, el hombre elefante, los asesinatos de Jack el Destripador… Un tour un tanto tenebroso pero interesante y distinto a los demás.

Tower Bridge abriéndose
Y después de ese largo día, y tras un breve paso por Gales, volví a Londres para mi última etapa del viaje. El primero de estos días, un sábado, fui por la mañana a Notting Hill y al mercadillo de Portobello Road. En él se pueden encontrar todo tipo de antigüedades, de ropa, de souvenirs…y de comida al final. Es un bonito lugar al que merece la pena dedicar una mañana.
Ya por la tarde hice mi último tour en la ciudad: uno dedicado a la City, que incluye la catedral de St Paul’s, un pequeño recorrido a la orilla del Támesis, la iglesia del Temple, toda la zona jurídica, la arquitectura tan distinta de Christopher Wren y Norman Foster… Como la otra vez, aquí también conocí a gente que iba por su cuenta, y, así, al terminar el tour, fuimos a un pub por recomendación de la guía, que luego se unió a nosotros. Se llamaba Cargo y estaba a unos diez minutos de Liverpool Street. El ambiente era genial, con pocos extranjeros como nosotros y muchos ingleses, una barbacoa en la que se podían pedir hamburguesas, chorizos, etc. Muy recomendable para cualquiera que quiera pasar una buena noche de viernes o sábado.
Warwick Castle, Stratford-upon-Avon y The Cotswolds
El día siguiente lo pasé fuera de la ciudad. La primera parada fue Warwick Castle, un castillo en el centro de Inglaterra, que debido a su situación en una zona poca estratégica, ha permanecido casi intacto desde su construcción, comenzada en el siglo XI. En él se pueden ver las diferentes estancias donde se fabricaban armas o cenaban los soldados, una sala con armaduras incluso de caballos y niños, las dependencias que en su día ocupó Enrique VIII, etc. Asimismo, en el patio del castillo hay montados puestos de herreros y comerciantes medievales… todo está muy bien ambientado. Además se puede subir a las murallas y obtener unas vistas increíbles tanto del castillo como de las verdes praderas que lo rodean. Y, para terminar la visita, hay distintos espectáculos, como una exhibición de rapaces, que la mayoría de la gente ve sentada en la hierba mientras se toma un tentempié.

Warwick Castle
A continuación fuimos a Stratford-upon-Avon, el pueblo natal de Shakespeare. Allí visitamos su casa, con el taller de guantes de su padre, y por grupos dimos una vuelta por los alrededores. Es un pueblo bastante pequeño pero muy bonito, con callecitas peatonales llenas de tiendas de todo tipo. Y como era de prever, en cualquiera podías comprar obras de Shakespeare mucho más baratas que en otros lugares… ocasión que la mayoría aprovechamos.
Antes de salir de nuevo a recorrer una zona de los Cotswolds, hicimos un pequeño picnic en el parque contiguo al río, donde se encuentran todos los teatros en que se representan las obras del ciudadano más famoso que nunca han tenido. Así, pudimos ver desde el autobús las típicas casitas con tejados de paja en medio del campo, en diminutos pueblecitos… y también Blenheim Palace, lugar donde nació y se crió Churchill. Con esto, la vuelta al hotel y una “pequeña” charla en el mismo hasta altas horas de la noche, acabó el día.
Mi última mañana en Londres transcurrió tranquila: fui de compras a Oxford Street. Este año las rebajas eran mejores que nunca, y había tiendas que estaban de liquidación por cierre… por lo que pude aprovechar bien la mañana y ¡acabé comprando una mochila para que me cupiera todo! De este modo, llegado el mediodía me encaminé hacia Luton para voler a casa.
Así, en estos días pude terminar de recorrer a fondo la capital inglesa y disfruté por primera vez de un viaje sola, quizá más a la aventura que cuando vas con amigos. Fue una buena experiencia; ya que me di cuenta de que muchísima gente viaja también por su cuenta, todos son muy abiertos, y es una buena forma de conocer a personas de distintos países y culturas.






























