Posteado por: Marta | 20 Noviembre 2009

Escocia ‘09

En mi primera mañana en tierras inglesas, salí a la aventura de coger un búho en Victoria Station hacia St Pancras. Y, como acabo de decir, fue toda una aventura: se suponía que pasaba a las 5, con lo que me sobraban unos veinte minutos….pero pasó más de un cuarto de hora tarde. Así que, tanto yo como los que querían coger el tren a París, estuvimos a punto de gastarnos una fortuna en taxis, cuando justo apareció a lo lejos el autobús. ¡Menos mal!

Así, a eso de las 11 de la mañana, tras un sueño en el tren interrumpido a veces para ver ciudades como Newcastle, llegamos a Edimburgo. La estación está en el mismo centro; por lo que nada más salir pudimos ya ver lo que nos esperaba: el casco histórico de la ciudad, para mi gusto, más bonita de la isla.

Calton Hill

Calton Hill

La primera mañana transcurrió con un tour en autobús… con lo que comprobamos el pésimo estado del tráfico en la ciudad! Visitamos la zona de los museos, el palacio Holyroodhouse, la High Street con sus siniestros Closes o callejones en las que los bandidos campaban a sus anchas, Saint Andrew Square, Saint Giles Cathedral,… y el guía nos amenizaba la ruta con curiosas historias sobre escoceses, propaganda sobre la gran cantidad de personajes importantes que nacieron y vivieron en Edimburgo o en las cercanías (Sir Walter Scott, Adam Smith, Alexander Graham Bell)…y, quizá lo mejor de todo, tocando la gaita, con el kilt, ¡en medio de la ciudad!

Mas como iba a descubrir en los siguientes dos días, no sólo los guías llevaban kilt: todos los conductores de autobús, así como muchos otros hombres, lo usaban… espero que estos últimos fuera por ser la semana previa al Festival de Edimburgo, y ser el fin de semana del Tattoo (desfile militar, con gaitas y todo tipo de espectáculos, que se celebra todos los años en el Castillo de la ciudad). Por eso, por toda las calles, y especialmente por la “Royal Mile” (milla entre el antiguo castillo y el nuevo), había numerosos espectáculos callejeros. En uno de ellos, incluso, había tres hombres ataviados con taparrabos, como si fueran de una tribu africana, y tocando instrumentos rarísimos. Era sencillamente fantástico, el ambiente era muy festivo y todo el mundo estaba en la calle; ya que tuve suerte y sólo llovió, un poquito, la última mañana.

High Street

High Street

Y, paralela a la Royal Mile, está la Princes Street , todo un paraíso de las compras. En una sola calle, están todas las tiendas de ropa imaginables…y con rebajas aún mejores que en Londres. Así que, especialmente siendo una chica, ¡es obligatorio pasar allí al menos unas horas!

Y después de guardar las compras en la mochila, seguí haciendo un poco de turismo. En primer lugar, subí al monumento a Sir Walter Scott. Desde arriba se obtienen las mejores vistas de la ciudad: además de todos los edificios históricos del centro, por un lado se puede ver el mar, por otro Calton Hill, o la Atenas del Norte, y, por último, las montañas. Es espectacular a la par que inolvidable.

Otro de los puntos altos de la capital es la Cámara Oscura, un pequeño museo en el que abundan las imágenes imposibles de Escher y todo tipo de ilusiones ópticas. Asimismo, desde el ático se puede ver otra perspectiva de la ciudad, con el castillo más cerca. Muy recomendable.

Por último, justo antes de atardecer, me acerqué a Calton Hill. Es realmente impresionante la perspectiva que se obtiene de la ciudad desde allí, así como sus monumentos a imitación, entre otros, del Partenón.

Las Highlands

El sábado salimos en el autobús, por la mañana, hacia las Highlands. Pasamos un día genial en esta zona, que ocupa la mayor parte del territorio del país (un 90% o algo parecido si no recuerdo mal), pero habitada por una escaso 10% (de nuevo, no sé si esa era el porcentaje exacto) de la población, debido a su duro clima y a su agreste paisaje. Mas, aunque no sea muy recomendable el plantearse vivir allí, sí que lo es visitarlo: los paisajes son únicos y realmente bonitos.

Highlands

Highlands

Al principio del recorrido vimos, sobre todos, algunos de los muchísimos lochs (como llaman a los lagos en Escocia). Según nos contaron, viendo el país desde el aire, toda esta zona se ve azul por su abundancia. Además, también nos contaron que el agua es potable, debido a unas plantitas amarillas que crecen en el fondo y que dan un color un tanto extraño a la misma… desde luego no sería yo la que bebiera de ahí, a no ser que no tuviera más remedio.

A media mañana hicimos una parada en la típica estación de servicio con restaurante y tienda de souvenirs destinada a los turistas. Las vistas eran geniales: ya se empezaban a vislumbrar, más de cerca, las primera montañas envueltas en niebla. Además, pudimos ver un “toro de las Highlands”: un curioso animal con cuernos, pelo muy largo y liso, de un color castaño claro. Era muy manso y no le molestaban los mil y un flases de la excursión de los japoneses. Y, por último, antes de reemprender el camino, una degustación de whisky escocés… perfecto en una fría mañana con el característico “drizzle” de la zona, que, aunque hacía más atractivo si cabe el paisaje, molesta cuando te mojas.

Así, una vez concluida la parada y el almuerzo, entramos ya en la zona más montañosa. Es simplemente espectacular: se sucedían las montañas, unas más altas y otras más bajas, rodeadas de niebla y completamente verdes. Era como en las películas… me encantó.

Loch Ness y Urquhart Castle

Loch Ness y Urquhart Castle

Tras este recorrido y la parada a comer, nos encaminamos hacia el Loch Ness. El conductor nos prometió que allí veríamos el sol… ¡y fue cierto! El clima cambió bastante: el sol lucía tímidamente entre las nubes y la temperatura subió un poquito. De este modo pudimos disfrutar de las vistas del Urquhart Castle con el lago al fondo. Además, en el castillo se podía ver un enorme lanzapiedras (o algo bastante parecido a los que aparecen en algunos videojuegos) junto con un hombre disfrazado de antiguo guerrero escocés, con su barba y su largo pelo rubio, su ropa a cuadros… increíble. Y, para terminar el día antes de volver a la capital, un paseo en barco, de hora y media, por el lago, viendo las olas que se levantaban en cuanto hacía un poquito de viento…y supongo que muchos intentando encontrar al monstruo. Fue una bonita experiencia; pues el lago es tan grande que parece que estás en el mar en lugar de en agua dulce.

Último día en Edimburgo

El domingo por la mañana fui a visitar el Castillo de Edimburgo. En lo alto de un volcán inactivo desde hace siglos (tanto, que sobre la lava negra ha crecido la hierba), preside la ciudad. A pesar del un tanto elevado precio de la entrada, merece la pena pasar allí un par de horas. En él se puede conocer la historia del país a través de sus batallas y su ejército, así como alguna curiosidad: por ejemplo, hay un cañón, denominado “cañón de la una en punto”, que cada día, a excepción de los domingos, marca la hora.

Dentro del castillo se pueden ver también las joyas de la corona de Escocia: el cetro, la corona y la espada que, tras ser sacadas del castillo por las continuas invasiones, y permanecer en paradero desconocido durante siglos, fueron redescubiertas por Sir Walter Scott y trasladadas de nuevo a su emplazamiento original. Asimismo, hay un cementerio para las mascotas de los soldados, y una preciosa capilla dedicada a todos los caídos en combate.

Castillo de Edimburgo

Castillo de Edimburgo

Después de ver el castillo, y antes de comer y volver al hotel para emprender el camino de regreso a Londres, di una vuelta por Greyfriars, cementerio en que está enterrado Bobby, el perro de un policía que veló su tumba durante 14 años hasta su propia muerte; la zona de los museos y el Parlamento; las plazas y avenidas de la parte nueva de la ciudad, con numerosas estatuas dedicadas a célebres escoceses, etc.

Con esto concluyó mi breve pero intensa estancia en Escocia. Es un país que me encantó, al menos lo poco que me dio tiempo a conocer: los paisajes son preciosos, las calles están llenas de vida, los dueños de las Guest Houses en que nos hospedamos eran muy amables… en definitiva, todo fantástico. Por lo que lo añado a los lugares que un día me gustaría visitar más a fondo.

Posteado por: Marta | 12 Octubre 2009

Inglaterra ‘09

Unos días después de volver de Alemania, marché hacia tierras inglesas. Pasé once días en Gran Bretaña: un día en Londres, luego tres en Escocia, otro día en Londres, cuatro en Gales, y, finalmente, tres más en Londres. En esta entrada relataré mis aventuras en Londres y alrededores, y más adelante escribiré otras sobre los restantes lugares que conocí.

En mi primera tarde en Londres, ya que llegué al medio día al hotel y tenía que comer, fui a visitar, o más bien re-visitar, Buckingham Palace, aunque sólo por fuera. Desde allí llegué a Green Park y más tarde a Hyde Park. Éstos son dos de los parques reales de la capital, en los que se puede dar un paseo muy agradable contemplando, además de sus respectivos lagos, numerosos animales, árboles y flores de todos los colores, alguna estatua conmmemorativa…y al final de Hyde Park, el Royal Albert Hall y el monumento dedicado al rey Albert. Ambos son fantásticos.

Green Park

Green Park

El siguiente día en Londres, tras el viaje a Escocia, comenzó con el Free Tour por la mañana. Aunque ya había estado en la ciudad y visitado muchos de los sitios a los que te llevan, los guías siempre te cuentan datos e historias muy curiosas; por lo que decidí apuntarme. Pero antes fui a visitar Westminster Abbey, lugar de coronación de los reyes ingleses y de enterramiento de las más importantes personalidades de la historia del país. En ella se encuentran verdaderas obras de arte en forma de tumbas, como la Mary Queen of Scotts, Newton o Shakespeare. Es realmente una maravilla, y merece la pena entrar a pesar del elevado precio de la entrada (como todos los monumentos londinenses).

A continuación, comenzó el Free Tour en Hyde Park Corner, al lado del arco de Wellington…personaje no muy querido en su época (su casa tiene rejas porque la gente tiraba huevos y toda clase de desperdicios contra sus ventanas) pero alabado tras su muerte por haber vencido a Napoleón. Desde allí fuimos a Buckingham Palace y a Trafalgar Square, con su enorme columna con la estatua del almirante Nelson, que falleció en la batalla de Trafalgar…siendo la única víctima en el bando inglés, según nos contaron, dado a su empecinamiento en llevar todas las medallas puestas y hacer así de objetivo al reflejar el sol. Increíble. Más tarde pasamos por el Big Ben, conocido así coloquialmente desde su inauguración ya que su arquitecto se llamaba Ben y era un hombre bastante grande… por lo que a alguien del público se le ocurrió decir que la conocida torre del reloj era un “Big Ben”.

El tour acabó de este modo en las Houses of Parliament, donde nos contaron también la historia de un atentado frustrado contra ellas y sus ocupantes. Y como la mayor parte de los que estábamos allí viajábamos solos, decidimos pasar el día juntos. Así, después de comer fuimos a Covent Garden, dimos un paseo a orillas del Támesis, y, finalmente, hicimos un tour sobre la historia negra de Londres y el East End: la Torre de Londres, St Katherine Docks, la peste, el hombre elefante, los asesinatos de Jack el Destripador… Un tour un tanto tenebroso pero interesante y distinto a los demás.

Tower Bridge abriéndose

Tower Bridge abriéndose

Y después de ese largo día, y tras un breve paso por Gales, volví a Londres para mi última etapa del viaje. El primero de estos días, un sábado, fui por la mañana a Notting Hill y al mercadillo de Portobello Road. En él se pueden encontrar todo tipo de antigüedades, de ropa, de souvenirs…y de comida al final. Es un bonito lugar al que merece la pena dedicar una mañana.

Ya por la tarde hice mi último tour en la ciudad: uno dedicado a la City, que incluye la catedral de St Paul’s, un pequeño recorrido a la orilla del Támesis, la iglesia del Temple, toda la zona jurídica, la arquitectura tan distinta de Christopher Wren y Norman Foster… Como la otra vez, aquí también conocí a gente que iba por su cuenta, y, así, al terminar el tour, fuimos a un pub por recomendación de la guía, que luego se unió a nosotros. Se llamaba Cargo y estaba a unos diez minutos de Liverpool Street. El ambiente era genial, con pocos extranjeros como nosotros y muchos ingleses, una barbacoa en la que se podían pedir hamburguesas, chorizos, etc. Muy recomendable para cualquiera que quiera pasar una buena noche de viernes o sábado.

Warwick Castle, Stratford-upon-Avon y The Cotswolds

El día siguiente lo pasé fuera de la ciudad. La primera parada fue Warwick Castle, un castillo en el centro de Inglaterra, que debido a su situación en una zona poca estratégica, ha permanecido casi intacto desde su construcción, comenzada en el siglo XI. En él se pueden ver las diferentes estancias donde se fabricaban armas o cenaban los soldados, una sala con armaduras incluso de caballos y niños, las dependencias que en su día ocupó Enrique VIII, etc. Asimismo, en el patio del castillo hay montados puestos de herreros y comerciantes medievales… todo está muy bien ambientado. Además se puede subir a las murallas y obtener unas vistas increíbles tanto del castillo como de las verdes praderas que lo rodean. Y, para terminar la visita, hay distintos espectáculos, como una exhibición de rapaces, que la mayoría de la gente ve sentada en la hierba mientras se toma un tentempié.

Warwick Castle

Warwick Castle

A continuación fuimos a Stratford-upon-Avon, el pueblo natal de Shakespeare. Allí visitamos su casa, con el taller de guantes de su padre, y por grupos dimos una vuelta por los alrededores. Es un pueblo bastante pequeño pero muy bonito, con callecitas peatonales llenas de tiendas de todo tipo. Y como era de prever, en cualquiera podías comprar obras de Shakespeare mucho más baratas que en otros lugares… ocasión que la mayoría aprovechamos.

Antes de salir de nuevo a recorrer una zona de los Cotswolds, hicimos un pequeño picnic en el parque contiguo al río, donde se encuentran todos los teatros en que se representan las obras del ciudadano más famoso que nunca han tenido. Así, pudimos ver desde el autobús las típicas casitas con tejados de paja en medio del campo, en diminutos pueblecitos… y también Blenheim Palace, lugar donde nació y se crió Churchill. Con esto, la vuelta al hotel y una “pequeña” charla en el mismo hasta altas horas de la noche, acabó el día.

Mi última mañana en Londres transcurrió tranquila: fui de compras a Oxford Street. Este año las rebajas eran mejores que nunca, y había tiendas que estaban de liquidación por cierre… por lo que pude aprovechar bien la mañana y ¡acabé comprando una mochila para que me cupiera todo! De este modo, llegado el mediodía me encaminé hacia Luton para voler a casa.

Así, en estos días pude terminar de recorrer a fondo la capital inglesa y disfruté por primera vez de un viaje sola, quizá más a la aventura que cuando vas con amigos. Fue una buena experiencia; ya que me di cuenta de que muchísima gente viaja también por su cuenta, todos son muy abiertos, y es una buena forma de conocer a personas de distintos países y culturas.

Posteado por: Marta | 4 Octubre 2009

Friburgo ‘09

El segundo domingo fui a Friburgo, o Freiburg im Breisgau en alemán. Es la denominada capital de la Selva Negra, y, como tal, preciosa. Desde cualquier punto un poco alto, se pueden ver las montañas y el bosque. Además, al estar un poco más al sur, el clima es fantástico, y, en días soleados, como en el que fui, hace incluso calor.

Nada más llegar, y tras pasar por la oficina de turismo para coger un mapa, fuimos a la catedral. Con este pequeño paseo ya pudimos disfrutar de los bonitos edificios, de distintas formas y colores, que dominan la ciudad. Sin embargo, al llegar a la cateral había misa; por lo que decidimos subir primero a una montañita desde la que se obtienen unas vistas espectaculares.

Freiburg

Freiburg

Así, tras media hora aproximadamente subiendo por caminos de tierra entre los árboles (menos mal que a la sombra no hacía tanto calor, porque si no hubiera sido una subida bastante dura), llegamos a un mirador. Como me habían dicho, las vistas, con la ciudad en primer plano y la Selva Negra al fondo y en los laterales, son geniales. El paseo había merecido la pena. Además, un poco más abajo hay un Biergarten en el que se puede disfrutar de una pinta de cerveza con un bretzel o la especialidad del día, a un precio no demasiado elevado.

De este modo, después de almorzar algo, bajamos de nuevo al centro, volviendo a la catedral. Ahora ya había acabado la misa y pudimos entrar.  Aunque la fachada es bastante sencilla, el interior es magnífico, con unas vidrieras preciosas y la iluminación justa para poder contemplar sus colores. Y, como en la mayoría de los sitios, se puede subir a la torre y ver tanto las campanas como la Selva Negra desde otra perspectiva… y así el segundo ascenso de la mañana también fue recompensado.

Freiburger Münster

Freiburger Münster

Tras salir de la catedral, paramos a comer. Nuestra intención era ir al mercado… pero era domingo y estaba cerrado; por lo que nos tuvimos que conformar con algo del Nordsee. Así, tras una pequeña pausa, nos dispusimos a recorrer las principales calles de la ciudad. Todas ellas son muy bonitas, adoquinadas y con sus pintorescas casitas de colores a los lados. Además, en muchas hay unos pequeños canales de agua a los lados que hace años ponían en dificultades a la policía cuando intentaba dispersar manifestaciones de estudiantes, que debían de ser abundantes dado que la universidad de Freiburg es bastante importante en el sur de Alemania, y la ciudad está habitada en su mayor parte por universitarios.

Junto con el agradable paseo por las calles, se pueden también ver edificios importantes como el ayuntamiento, el teatro con su lema “Du must dein Leben ändern” (debes cambiar tu vida), la biblioteca y varias facultades de la universidad, la Martinstor,… Y, por el medio de la ciudad, se encuentra un canal como los de Venecia, con las terrazas de las casas a menos de dos metros del agua.

Calle con canalizaciones de Freiburg

Calle con canalizaciones de Freiburg

Por último, para concluir la visita se puede ir a varios parques. El primero de ellos, en el extremo sur, está atravesado por el río, en el que se pueden ver pequeñas cascaditas cada pocos pasos, con piedras totalmente redondeadas en el lecho del río. Un paisaje de revista.  Otro parque igualmente bonito pero al mismo tiempo muy distinto, se encuentra en el centro. En él se pueden ver desde vides hasta numerosas flores… y lo que se puede hacer en ambos, en días como éste, es tomar el sol mientras descansas en el césped. De hecho, con el entusiasmo de ver el sol durante tantas horas seguidas y con el calorcito que hacía, alguno apareció el lunes en clase ligeramente quemado… ¡para que luego digan que en Alemania no hace sol!

Y con este recorrido por los espacios verdes concluyó el día. Freiburg es una ciudad pequeña, a la que basta con dedicar un día incluso tomándoselo con calma; mas no por ello deja de merecer la pena visitarla. Sus calles son encantadoras y completamente distintas a las que puedes encontrar en otras ciudades alemanas como Nuremberg o Munich. Y el paisaje de la Selva Negra en medio de la cual se encuentra es simplemente espectacular. Por todo ello pasé un genial último domingo en Alemania… que me dejó con ganas de repetir en próximos veranos.

Posteado por: Marta | 26 Septiembre 2009

Munich ‘09

En el segundo y último fin de semana pasé el sábado en Munich (o München). Al llegar, fui directamente a la Marienplatz, pasando por la Karlstor, una de las antiguas puertas de la ciudad. En esta plaza se encuentra el famoso Glockenspiel. Además, de allí parten también los distintos tours que te enseñan la ciudad. Así, me apunté a uno de ellos…y la mujer fue muy simpática, y hablaba despacito para que la entendiera (sí, era en alemán y ¡yo era la única no alemana o austriaca!). De este modo, partiendo de la plaza más turística de la ciudad, recorrimos los puntos de mayor interés, para terminar otra vez al lado de la Marienplatz.

Comenzamos viendo el viejo y el nuevo ayuntamiento, en la misma plaza. Este último es en el que se encuentra el Glockenspiel, que cada día, a las 11 y a las 12 (y a las 17h también en verano) congrega a numerosos turistas para ver cómo se mueve el carillón, algo que, como decía el guía de otro tour, fácilmente se puede encontrar en youtube. Después fuimos a visitar la Frauenkirche, una de las iglesias más grandes del sur de Alemania, y la Theatinerkirche. El exterior de ésta es de color amarillo y bastante soso; mas el interior es impresionante, de estilo barroco y totalmente blanco. Es una de las iglesias más bonitas que he visto.

Glockenspiel

Glockenspiel

Pero en Munich no sólo hay iglesias: en sus principales plazas y calles, como la Odeonsplatz y la Residenzstraße, se pueden encontrar numerosos museos, la Ópera, uno de los edificios más bonitos, la residencia de los señores de Baviera,… De este modo, recorrimos las principales calles del centro, entre ellas la Maximilianstraße con sus numerosas tiendas y sus estatuas de leones, el símbolo de la ciudad. Dichos leones tienen una parte de la base desgastada; ya que supuestamente tocarlos todos da buena suerte… ¡esperemos que sea cierto!

Y, por supuesto, no todo iba a ser visitas culturales… también entramos en el biergarten más famoso de la ciudad: la Hofbräuhaus. Es enorme y tiene diferentes salones, unos al aire libre y otros no, siempre llenos tanto de extranjeros como de alemanes, todos con sus jarras de un litro de cerveza, y, dependiendo de la hora, algo para comer. Los salones interiores están decorados con banderas de los diferentes Länder, lámparas enormes imitando a las antiguas con velas, el techo es de madera… son geniales. Por otra parte, se pueden ver también jarras antiguas y barriles de cerveza.

Desde allí ya volvimos al punto de partida, al lado de la Marienplatz. Allí hay una iglesia, la St Peter Kirche, con un bonito altar y una torre bastante alta a la que se puede subir y tener una perspectiva inigualable de la ciudad, con el Glockenspiel justo enfrente. Y como ese día estaba el tiempo bastante cambiante, con sol y calor ahora, y tormenta cinco minutos después, se podía ver, según desde qué lado, un cielo completamente azul o una tormenta enorme, con nubes grises casi negras y una cortina de agua.

Theatinerkirche

Theatinerkirche

Así, una vez terminada la visita al centro de la ciudad, se puede ir a comer al Viktualienmarkt, al lado de la Marienplatz, y donde se pueden comprar, a un precio muy asequible, cualquiera de los productos típicos de la zona. Como justo empezaba a llover, entré en una de las pequeñas tiendas que hay a los lados de la plaza con todo tipo de salchichas (la comida oficial para los días de turismo) y con mesas para apoyar las cosas mientras comes.

Al terminar me alejé un poco del centro. Dando un paseo y revisitando los lugares que más me habían gustado, llegué al Englischer Garten. Es un parque gigante atravesado por el río Eisbach… es encantador. Allí se puede ver a mucha gente de picnic, pasando la tarde, con cometas…y también, al menos aquella tarde, a un hombre desnudo corriendo por ahí…¡qué locura! De cualquier modo, el paseo mereció la pena: además de todo el verde que normalmente hay en un lugar de este tipo, el río tiene pequeñas cascaditas realmente bellas, y el sonido del agua fluyendo es muy relajante.

A continuación, ya en U-bahn, me acerqué a visitar el Olympiapark. Junto con la típica torre de la televisión de las ciudades alemanas, se encuentra el Olympiastadium, antiguo campo del Bayern München. Éste es otro de los puntos verdes de la ciudad, y las vistas desde la torre, tanto de la misma como de los Alpes, dicen que son fantásticas; pero ese sábado había un festival y no se podía subir (¡una de las razones para algún día volver a Munich!). De este modo, di una vuelta por el parque, vi desde una cierta distancia la torre y el estadio, y di media vuelta… como tantos otros turistas que se encontraron con el festival y no entraron.

Englischer Garten

Englischer Garten

Para concluir el día, volví a la Marienplatz, vi por fin el Glockenspiel en movimiento, y fui desde allí a la Hauptbahnhof…¡está vez en U-bahn para no perder el tren! La calle que une ambos puntos (o varias calles, una a continuación de otra) estaba colapsada con gente de tiendas o en las terrazas con cerveza…¡peor que la Gran Vía en hora punta! Así, llegué con un poco de tiempo a la estación y pude coger el tren de vuelta.

Como siempre, fue un día estupendo…y espero volver algún día a Munich, a visitar todos los lugares que no me dio tiempo…y si puede ser al Oktoberfest, ¡aún mejor! Es una ciudad que tiene tanto museos y bellos edificios como parques enormes, que reúne el tener de todo propio de una gran urbe con los espacios verdes… sencillamente genial.

Posteado por: Marta | 21 Septiembre 2009

Colonia ‘09

Continuando con este primer fin de semana, el domingo fui a visitar Colonia (Köln en alemán). Según dicen es la ciudad más bonita de las que cruza el Rin…y desde luego sólo su catedral merece el esfuerzo de ir a conocerla. Nada más salir de la Hauptbahnhof ya se la ve, pues está a escasos cien metros. Por lo tanto, se convirtió en la primera parada del día. El exterior es espectacular; ya que, además de sus más que conocidas torres y su silueta, al acercarse, se puede contemplar su fantástica fachada, con sus numerosas esculturas y detalles en cada rincón.

Catedral de Colonia

Catedral de Colonia

Una vez dentro, unos sacerdotes te impedían adentrarte en la nave cuando había Misa…que al ser domingo era todo el día! Sin embargo, hecha la ley, hecha la trampa; así que guardando la guía y la cámara, podías hacerte pasar por un feligrés y acercarte un poco al altar. Así, el interior de la catedral está a la altura de su fachada; es simplemente fantástico, con sus enormes columnas y sus vidrieras. Y un imprescidible antes de salir es subir a la torre, con sus 157 metros de altura y sus 533 escalones, como anuncian a la entrada. A media altura se pueden observar todas las campanas, de distintos tamaños y en diferentes niveles. Y, por último, obtener desde la cumbre unas vistas sensacionales de la ciudad y el Rin.

Pero Colonia no es sólo su catedral. Fundada por los romanos, tiene muchos restos que se pueden visitar, como por ejemplo los que se encuentran en el Römisch-Germanisches Museum. Éste se halla al lado de la catedral y en él se conservan monumentos funerarios, el arco original de la colonia romana con la inscripción en honor a Agripina, madre del emperador Nerón, altares en honor a diversas deidades clásicas, fragmentos de capiteles y columnas…toda una delicia para los interesados en la cultura clásica. Asimismo, pueden verse utensilios de la época y mosaicos, con reconstrucciones de habitaciones tal y como debían de ser hace casi dos mil años.

Mas no sólo aquí se pueden visitar este tipo de ruinas: en el Prätorium se puede bajar a la Cloaca Maxima, perteneciente al sistema de canalizaciones romano y que se conserva en perfecto estado. Asimismo, se pueden contemplar los restos del antiguo palacio del procónsul. Toda una maravilla.

El Rin a su paso por Colonia

El Rin a su paso por Colonia

Una vez concluida la visita a estos museos, sólo algunos de entre los muchos que hay en la ciudad, se puede ir a visitar alguna iglesia o la fachada del ayuntamiento, ante el cual se están realizando justo ahora más excavaciones. Finalmente, se puede, y se debe, dar un paseo a la orilla del Rin. Allí se pueden encontrar desde un museo del chocolate hasta un enorme mercadillo de libros de segunda mano… ¡que no sólo estaban en alemán! También se podían encontrar bastantes en inglés, y seguramente, con un poco de paciencia, hasta en español.

Así, mientras caminas entre puesto y puesto, o bien más cerca de la orilla, de repente comienzan a aparecer anuncios de paseos en barco por el río, como en todas las ciudades que tienen alguno importante. Y dado que me encantan este tipo de paseos, me embarqué en el que primero salía…y tunía un precio razonable, por supuesto. De este modo, se puede adquirir una visión distinta de la ciudad, viendo ambas orillas al mismo tiempo, y llegando a lugares a los que a pie no irías. Como el resto de paseos en barco que había hecho hasta el momento, este mereció la pena…y, como siempre también, pasé frío cuando comenzó a soplar un poco el viento y se nubló.

Catedral desde la otra orilla del Rin

Catedral desde la otra orilla del Rin

Para terminar el día, volví a la estación…y la vuelta ya la conté en otro post anterior, con la falta de eficiencia alemana ante el “accidente” en las vías. Por lo tanto, no volveré a repetir aquí de nuevo toda la historia, y sólo diré que fue un día estupendo, mucho más relajado que la visita a Nuremberg pese a ser Colonia más grande (de hecho, ¡es la cuarta ciudad más grande del país!); ya que la zona turística es más pequeña y está todo muy cerca. Mas no por ello dejaría de recomendar a todo el mundo que, si va a Alemania y tiene un poquito de tiempo, se pase por Colonia, aunque sólo sea a ver la catedral y a dar un paseo por el Rin. Y a todos aquellos amantes de la cultura clásica, como es mi caso, les diría que no dejasen de venir aquí, dada la enorme cantidad de restos en perfecto estado que han logrado conservar hasta nuestros días.

Posteado por: Marta | 17 Septiembre 2009

Nuremberg ‘09

El primer sábado de mi estancia en tierras alemanas fui a visitar Nuremberg (o Nürnberg en alemán), en Baviera. Fue un día poco apacible en cuanto a que hacía bastante frío y las nubes grises amenazaban desde el cielo; mas no llovió más que al final y pude disfrutar de la ciudad.

Comencé el día entrando en el mercado situado justo enfrente de la Hauptbahnhof (o estación principal que hay en todas las ciudades del país). Es un recinto no muy grande que imita el antiguo mercado medieval de la ciudad. Es un lugar curioso y al que merece la pena dedicar unos minutos antes de adentrarse en el casco histórico.

Schöner Brunnen y Liebfrauenkirche

Schöner Brunnen y Liebfrauenkirche

Para llegar al centro, basta con seguir la Königstraße hasta cruzar el río. En ella se pueden visitar distintas iglesias, entre las que destaca la Sankt Lorenzkirche. Con su magníficamente escuplida fachada, fue reconstruida después de la guerra…como casi todo en este país. Sin embargo, como ocurre en otros muchos lugares, la iglesia parece provenir de la Edad Media y no haber sido nunca destruida. Su interior también es encantador, con un coro de enormes dimensiones.

Así, mientras caminas por esa calle, puedes comprarte un brezel en uno de los numerosos puestos con los que te encuentras. De este modo, una vez comprado mi brezel y tras cruzar el río, llegué al centro de la ciudad: el Hauptmarkt o mercado central. Se trata de una gran plaza en la que se puede comprar casi cualquier cosa en cuanto a alimentos, y en la que se encuentran la Liebfrauenkirche y la Schöner Brunnen (o fuente bella). De la primera, una iglesia, lo mejor es la fachada con su reloj, que cada día a las 12 se pone en movimiento congregando a numerosos turistas entre los puestos. En cuanto a la fuente, lleva el nombre de bella y con razón: en ella están representadas numerosas leyendas antiguas, como César, Alejandro Magno o el rey Arturo, y a lo largo de la misma destacan, contra el fondo oscuro, los relieves dorados.

Una calle de Nuremberg

Una calle de Nuremberg

Desde la plaza, tomando la calle en dirección al castillo, se puede ver la fachada del antiguo Ayuntamiento,con curiosas esculturas sobre los marcos de las puertas, y la iglesia más antigua de la ciudad: la Sankt Sebalduskirche. Asimismo, en esta calle hay un restaurante en el que se puede disfrutar de las salchichitas típicas de la ciudad, ya sea dentro en una mesa viendo a las camareras vestidas con trajes regionales o con pan para llevar. Esta segunda opción es bastante más económica y es por la que opta la mayoría…y ni qué decir tiene que las salchichas estaban riquísimas.

Al terminar de comer y antes de subir al castillo, fui a ver el museo del juguete. Después de haber visto preciosos relojes de cuco y soldaditos de madera varios en las distintas tiendas para turistas, aquí pude contemplar juguetes con hasta más de cien años de antigüedad. Es una maravilla ver las casitas de muñecas de principios de siglo y cómo han ido evolucionando los juguetes…hasta que llegas a los años noventa y encuentras la “Game boy ladrillo”, que todos tuvimos y que ahora no es más que un objeto en un museo de historia…¡qué mayor te sientes en ese momento!

Mi última parada en el centro de la ciudad fue el castillo, al que se llega subiendo una calle con una cuesta no muy pronunciada. Una vez en él, en primer lugar visité los jardines, muy bonitos y desde los que se obtienen además unas geniales vistas sobre la ciudad a sus pies. Por un lado se pueden ver todos los tejados y alguna iglesia que se erige entre ellos, y por otro las típicas casas de esta región, de fachadas blancas con líneas de madera de distintos colores y con flores en sus ventanas. Por último, y tras la odisea en que consistió encotrar la taquilla (siempre llegaba un punto en que las señales de “Kasse” desaparecían), pasé a ver alguna de las salas del castillo medieval, que en su época fue habitado por los distintos Kaisers. Allí se pueden ver, entre otras cosas, armaduras y armas de distintas épocas. Un buen museo para cualquiera que le gusten los temas bélicos.

Vista desde el Kaiserburg o Castillo imperial

Vista desde el Kaiserburg o Castillo imperial

Finalmente, y antes de abandonar la ciudad, tomando un tranvía fui a visitar el área en que Hitler comenzó la construcción de su palacio de congresos o Kongresshalle y de un gran parque con un escenario para dar discursos. Éste último sí fue terminado y se puede pasear por los hermosos y enormes jardines, con grandes lagos, una avenida principal, el Estadio y el escenario. Después, en el lugar destinado al Kongresshalle, inacabado, está el Dokumentationszentrum, un museo en que se cuenta toda la historia del partido Nazi, desde sus orígenes hasta su derrota, con videos, paneles explicativos y restos de la época. Y, para terminar la visita, se puede ver la obra inconclusa en forma de anfiteatro, como en otros lugares de Alemania. Sin embargo, aquí todo es más grandioso; pues éste es el emplazamiento que Hitler escogió para establecer el centro de su partido. Así, a pesar de ser un lugar un tanto sombrío en cuanto a su historia, es un imprescindible a la hora de conocer Nuremberg.

Con esto, y con la llegada de la tan temida lluvia, que combinada con el viento hizo que la tarde se convirtiera en una pesadilla para los paseantes, cogí de nuevo el tranvía hacia la estación, y, tras dar una vuelta por las tiendas con un café calentito, volví a casa. Fue un día estupendo, en el que descubrí tanto la historia de los juguetes como datos sobre los nazis que hasta en entonces eran desconocidos para mí. En definitiva, Nuremberg es una de esas ciudades que realmente merece la pena conocer, con un centro histórico con tintes medievales y al mismo tiempo, en las afueras, una arquitectura que forma una parte importante de la historia del siglo XX.

Posteado por: Marta | 11 Septiembre 2009

Heidelberg ‘09

Esta vez he decidido dedicar una entrada entera a Heidelberg, la ciudad en la que he pasado tres semanas en el mes de julio. Además de aprender alemán, pude conocer a mucha gente muy afín a mí y con la que trabé enseguida una buena amistad. Así, unas veces juntos y otras no, pudimos visitar algunas ciudades de Alemania… un país encantador por su cultura, su gente y sus ciudades. Como ya conté anteriormente, el año pasado estuve en Berlín con amigos; sin embargo, el sur es completamente distinto, hay mucha más vida por las calles y la gente es más alegre.

Heidelberg desde el Phisolophen Weg

Heidelberg desde el Phisolophen Weg

En Heidelberg hay numerosos lugares para visitar. El primero de ellos podría ser el Philosophen Weg…o al menos así lo fue para nosotros. En español, el Camino de los Filósofos, es una silenciosa senda que va subiendo por los montes que rodean la ciudad, y desde la cual se obtiene una bonita perspectiva de la misma, del castillo que la ha hecho famosa, y de los montes y el bosque al otro lado. La ruta es bastante empinada, y por la tarde, a eso de las tres o las cuatro que la empezamos nosotros, puede ser un poco dura teniendo en cuenta el calor que hace a esas horas. Pero merece la pena. Subiendo, llegamos hasta el Heiligenberg, un anfiteatro construido por Hitler en medio del bosque para dar discursos ante miles de personas. Aunque sus orígenes sean algo oscuros, es un lugar precioso, con todo el suelo completamente verde y rodeado de árboles.

Cambiando ahora al otro lado del río, cualquiera que vaya a Heidelberg debe subir al castillo (o Schloss en alemán). Nosotros lo hicimos en dos ocasiones: a última hora de la tarde, para contemplar el atardecer desde sus jardines, y otro día después de clase, para visitar el castillo en sí. La primera vez, tras dar una vuelta por el exterior del castillo y asomarnos a un mirador desde el que se ve la ciudad con el río Neckar que la atraviesa, nos sentamos en el césped con unas cervezas…una tarde genial; ya que además el tiempo acompañó y ni tan siquiera hizo falta llevar una sudadera hasta bien entrada la noche.

Heidelberger Schloss

Heidelberger Schloss

En nuestra segunda visita al castillo, ya con audioguía en alemán (era tan interesante que todos acabamos dando al play para simplemente escucharla como si fuera un ruido de fondo), pudimos contemplar de nuevo las vistas de las que he hablado antes, esta vez de día, así como entrar en algunas salas con barriles de vino gigantes sobre los que bailaban las damas, y ver las ruinas más de cerca. Es un lugar encantador y con una bonita historia.

Siguiendo con las visitas culturales, también podemos entrar en la universidad, la más antigua de Alemania, y ver una de sus antiguas aulas mientras una guía te cuenta su historia y el significado de su lema, Semper Apertus: los libros siempre están abiertos para todos. Asimismo, la entrada está decorada con un libro abierto a través del cual puedes pasar, y supuestamente absorber sus conocimientos. A continuación, se puede ir a ver la Cárcel de estudiantes o Studentenkarzer, utilizada por los Nazis. En ella se puede observar en las paredes diversas pintadas, entre las cuales destacan siluetas negras ataviadas con gorros de distintos colores. Con dichos gorros se diferenciaban los diferentes grupos de presos junto con sus “derechos” y ocupaciones. Asimismo, quedan camas y mesas de la época, junto con los nombres que los estudiantes pintaban sobre los marcos de las puertas, tales como Solitude.

Studentenkarzer

Studentenkarzer

Finalmente, se puede dar un paseo en barco por el río y pasar un rato muy agradable… ¡pero no todo es turismo! En la ciudad destaca la Hauptstraße, una calle peatonal con muchísimas tiendas de todo tipo, más librerías de las que nunca he visto en tan poco espacio, restaurantes de comida mejicana, turca, alemana o italiana, entre otras, y cafeterías. Asimismo, en la calle paralela, la Unterstraße, hay numerosas tabernas o Kneipes en las que disfrutar de las distintas variedades de cerveza, y discotecas. La vida nocturna es bastante animada de jueves a sábado; mas siempre se puede encontrar gente también el resto de días en las Kneipes.

De este modo, después de las clases teníamos varias opciones: ir a tomar un café, una cerveza o un helado, según gustos; ir a jugar y a tomar el sol a la orilla del río; ir a la piscina de la universidad, que contaba con una piscina olímpica, otra con poca profundidad para jugar, y otra con trampolines a distintas alturas, además de muchísimo césped para jugar al fútbol o al frisbie. Y por las noches, visitar alguna de las tabernas o discotecas los viernes y sábados.

En definitiva, además de aprender muchísimo alemán, en Heidelberg se pueden pasar unas semanas muy agradables, en las que no faltarán numerosas actividades de todo tipo y diversión a raudales. Asimismo, por su situación cerca de diversas estaciones importantes a nivel nacional, se pueden visitar otras ciudades alemanas fácilmente gracias al tren.

Heidelberg desde el Schloss

Heidelberg desde el Schloss

Posteado por: Marta | 31 Agosto 2009

Las vacaciones tocan a su fin…

Como dice el título, ya he entrado en mi último mes de vacaciones, que será ya mucho más tranquilo y reposado que los anteriores. En éstos he pasado tres semanas en Heidelberg, una fantástica ciudad en el suroeste de Alemania. Como escribiré en futuras entradas (ésta es sólo un breve resumen del verano y de lo que está por llegar en el blog) durante los fines de semana visité varias ciudades del país: Nuremberg, Munich, Colonia y Friburgo. Pero eso no fue todo; de lunes a viernes pude disfrutar de la gastronomía…vale, sí, de las cervezas alemanas, de todos los tipos que había a nuestro alcance en las distintas tascas o Kneipes, como dicen allí, y en el supermercado. Asimismo, junto con los estudiantes de la escuela, que pronto se convirtieron en grandes amigos, visité la propia ciudad de Heidelberg, con su castillo, la cárcel de estudiantes,…

Y además hice otro viaje muy distinto a este y a la vez muy similar en cuanto a la experiencia de conocer gente de distintos países. Pasé once días en Reino Unido: Londres y el centro de Inglaterra, Cardiff y el sur de Gales, Edimburgo y las Highlands. Inglaterra ya la conocía, incluido Londres, por lo que no me sorprendió mucho nada de lo que visité (eso no quiere decir que no me gustase! al contrario!); mas Escocia y Gales me encantaron. Los paisajes son únicos, en especial las Highlands, y los recomiendo a cualquiera que le guste ver algo diferente y/o hacer unas buenas fotos.

Y ahora, alguna anécdota… Todos creemos que los alemanes son muy serios y eficientes, ¿no? Pues no es del todo cierto. Situémonos: es un domingo, y la llegada a Heidelberg, en el tren, está prevista para las 21.35. Bien, son las 21.50 más o menos, y estamos todavía en Mannheim, la estación anterior, a unos 10 minutos. Entonces, por megafonía nos dicen que todos los que vayamos a Heidelberg nos bajemos del tren…nos miramos extrañados y lo hacemos. Yo ya había estado por allí alguna vez, por lo que me fui directamente a coger el S-Bahn…que llegó 5 minutos tarde…lo cual es bastante teniendo en cuenta que normalemente el autobús y el tranvía pasan en hora o incluso antes! Pero bueno, hasta ahí no vamos mal, podíamos llegar a Heidelberg con “sólo” una hora de retraso. Pero, tras unos 50 minutos apretujados en el tren (el S-bahn tarda unos 20 minutos entre las dos estaciones), nos dicen que ha habido un accidente en las vías y que volvemos a Mannheim…¡no! ¿Cómo volvemos a Heidelberg ahora? Si no podíamos coger ningún tipo de tren o tranvía, y ya era tarde al llegar para coger el autobús (tardamos más de media hora en el trayecto desde que nos lo dijeron)… ¿qué podíamos hacer? Nos fuimos todos a quejarnos nada más llegar a Mannheim, y conseguimos que nos pusieran autobuses gratuitos, que nos dejaron en la estacion de Heidelberg…pero ahora había que llegar hasta casa. En definitiva, tras pagar 20€ al taxista y con 3 horas de retraso, conseguí llegar a casa…era la 1 de la madrugada y me levantaba al día siguiente a las 6.50 para ir a clase…¡maldita ineficiencia alemana!

Al día siguiente, el padre de la casa me dijo que el accidente había sido un hombre que se había suicidado en las vías…en fin.

Pero bueno, no todo son quejas. El resto de trenes que cogí llegaron justo a la hora, o un par de minutos tarde en una ocasión, por lo cual se disculparon en megafonía en varias ocasiones. Y hasta aquí llega el resumen del verano, que será ampliado en futuras entradas :D

Posteado por: Marta | 11 Julio 2009

Varadero ‘09

El domingo, casi todos estábamos en la recepción puntuales a las 8, y nos fuimos al Caribe!!! Allí pudimos bañarnos y ver los pececillos de colores y los corales, como si se tratara de un documental de la 2! Además, fuimos a un criadero de cocodrilos, donde todos nos hicimos la correspondiente foto con el mini-cocodrilito y nos fuimos en lancha la aldea Taína con nuestro chófer curvas…digo Adonis! que dio emoción al viaje moviendo la lancha hacia los lados ^^ Al final, después de que los supuestos indígenas nos pintaran la cara en el ritual de iniciación (a mí, según dicen, me pusieron publicidad de ONO jejeje) volvimos al criadero a comer…y probamos la carne de cocodrilo, que, al menos a mí, me encantó.

Cueva de los peces

Cueva de los peces

A la llegada a Varadero, nos hicimos otra foto de grupo en el hall, dejamos las cosas en la habitación y nos fuimos a la playa a bañarnos. Más tarde, una vez habíamos cenado mucho y más en el buffet, nos fuimos a recorrer el resto del hotel y a probar unos cuantos cócteles, que el todo incluido había que aprovecharlo!!! Por último, nos dimos un refrescante baño en la playa a la luz de las estrellas antes de irnos a dormir.

En nuestra primera mañana en Varadero, fuimos a la playa y jugamos al rugby-mandarina…con luchas y placajes varios, que dejaron su rastro en días posteriores. Después, enterramos a Gabi en la arena, esculpimos su cuerpo hermafrodita y le hicimos fotos jejeje. A continuación, dimos un paseo por la playa, y ya por la tarde estuvimos, entre otros sitios, en el jacuzzi. Por la noche cenamos en el restaurante criollo con una camarera que se desvivía por nosotros, nos echaba toda clase de piropos y nos acariciaba el hombro cada vez que pasaba. Una vez terminamos de cenar, nos encaminamos al bar de los mojitos, a que Vicen nos emborrachara gracias a su juego de los poderes, que nos hicieron hablar casi por señas gracias a las prohibiciones de decir “beber” y sus derivados, nombres propios,… A continuación, Alfredo nos deleitó con su primer concierto de piano en el Cohiba, para más tarde ir a la discoteca y a los distintos bares del complejo, y en los momentos de bajón, a descansar en las tumbonas de la piscina y ver las estrellas ^^

A la mañana siguiente, hacía mucho viento y había bandera roja, así que no nos podíamos bañar en la playa. Por lo tanto, nos fuimos a jugar nuestro partidillo de fútbol de la clase, luego nos bañamos en el jacuzzi, jugamos al voley con el “guiri-polite”, al pin-pon, a los dados, fuimos a las clases de baile, vimos el atardecer en la playa… Y ya por la noche cenamos en el restaurante Gourmet, en el que la luz era tan romántica que no se veía nada xD Aunque dicen por ahí que el romanticismo del restaurante dio buenos resultados ;) Y después de cenar, marchamos los 23 al Cohiba para literalmente “echar a unos canadienses vestidos de griegos con la música clásica que tocaron Pablo y Alfredo en el piano”. Qué magnífico concierto de nuevo…un montón de gente del bar se arremolinó en torno al piano, incluso una familia por detrás del cristal que daba a la calle, e hicieron fotos y creo que incluso algún vídeo. Después, nos fuimos a dar una vuelta por los bares y la discoteca hasta que ya se hizo demasiado tarde y nos fuimos a las habitaciones.

Playa de Varadero

Playa de Varadero

En nuestro penúltimo día en Varadero, mientras unos se iban al pueblo en bici o bus, otros nos quedamos tomando el sol en la playa. Ya a la hora de la comida nos reencontramos y pasamos la tarde juntos…algunos echándonos la siesta y luego comprando souvenirs xDD Por la noche, cenamos en el italiano y celebramos el cumple de Gabi con una tarta y un par de regalitos. Él nos correspondió con un gran discurso ^^ Luego, como era la última noche, nos reunimos todos para jugar a lo de los poderes en la terraza del mojito, reutilizando la hierbabuena, ya que se había acabado en el bar, y al final “cogiendo prestada” del bar una botella que en realidad era gratis, y llevándonosla a la piscina para poder disfrutar a nuestro aire y con un radiocasette de alguna habitación. La noche dio mucho de sí y fue estupenda!!! A ver cuándo podemos repetir!!!

Y ya la última mañana, para nuestro pesar, algunos perdimos el desayuno del buffet. Pero luego nos fuimos, tras dejar las maletas en recepción, a hacer deportes de agua: kayak, barca a pedales, windsurf… Y, después de descansar un ratito al sol, comimos de nuevo en el buffet, y nos fuimos a duchar antes de de coger el autobús rumbo al José Martí para volar a Madrid de nuevo (noooooo!!!!). En el aeropuerto, compramos más souvenirs, ron, jugamos al uno…dio tiempo a todo, que el vuelo se retrasó una hora…y cuando por fin entramos al avión, ya nos dimos cuenta de que Cuba no duraba eternamente, que había que volver… Y ese fue el fin de nuestro insuperable viaje!!! Gracias a todos y ojalá podamos repetirlo algún día!!!

Todos en la playa

Casi todos en la playa

Posteado por: Marta | 9 Julio 2009

La Habana ‘09

En esta entrada y la siguiente, sobre el viaje de paso del ecuador a Cuba en febrero de 2009, me voy a limitar a añadir fotos y quizá algún comentario a lo que ya escribí en su día; ya que creo que, lo que escribes nada más volver, es lo que mejor refleja lo fabuloso de un viaje como este, con tus compañeros y amigos de la universidad.

Para empezar, llegamos a Barajas el jueves 12 a las 12 más o menos. Después de recoger los visados, Álvaro, Gabi y yo subimos a juntarnos con el resto del grupo…y nos encontramos a Carlos y Víctor en bañador y con flotadores…qué imagen!!! Vaya ideas!!! Además, al ratito vimos a Rado, que había venido a despedirnos…gracias Rado! Qué majo!

Un par de horas después, nos subíamos al avión rumbo a nuestro destino…qué caras de felicidad! Nos colocamos todos en el avión y descubrimos las mini-pantallitas en el asiento de enfrente…que al principio no funcionaban ¬¬ . Pero después de despegar se activaron y pudimos disfrutar de pelis como Kung Fu Panda. En las casi 10 horas de vuelo dio tiempo a todo: ver las Bahamas, los cayos de Florida, a que el azafato dijera, según me contaron, que “a pesar de nuestro modélico comportamiento debíamos bajar un poco el tono”, a dormir…

A nuestra llegada a La Habana, tras recibir las maletas por dos cintas diferentes (sí, había que estar en dos sitios a la vez!!!), conseguimos que nos hicieran una foto enfrente de nuestro autobús…qué caritas de alegría teníamos!!! Y cuando ya nos dejaron en el hotel, colocamos las maletas en las habitaciones, cenamos, nos quedamos un rato charlando y a dormir, que al día siguiente teníamos el city tour de La Habana.

Capitolio

Capitolio

Por las mañanas, los desayunos en la última planta del hotel eran geniales. Teníamos todo lo que quisiéramos: torillas, bollos, pan, zumos variados, tortitas,… Y por la mañana, cuando todavía hacía fresquito, se estaba genial en aquella terraza, desde la que se veía el Museo de la Revolución.

Así, después de desayunar, de ver al hombre de travelplan y acordar que en nuestro camino a Varadero haríamos una excursión por la península de Zapata, nos fuimos a ver el Capitolio, que estaba al ladito del hotel. Ya de paso echamos la primera ojeada (de día, que de noche la iluminación era tan mala que algunos confundían los colores y hacían que la guía nos llamase daltónicos xD) a los “modernos” coches cubanos. Después, con el city tour fuimos a la Plaza de la Revolución, con sus ministerios, todos iguales a primera vista…a excepción del que tiene la cara del Ché en la fachada;  a la fábrica de ron de Bocoy, en la que nos tomamos unos cuantos chupitos para “degustar” el ron que allí producen; a la fortaleza del Morro… Todo muy bonito y distinto de otras ciudades que ya había visitado. Y al final del tour, ya caminando, visitamos, entre otros, el hotel Dos Mundos en que se hospedó Hemingway durante años, con su mítico “pez perro”.

La Habana desde el castillo del Morro

La Habana desde la fortaleza del Morro

Después, un grupito ya más reducido volvimos sobre nuestros pasos a la Bodeguita del Medio a probar sus famosos Mojitos, y a escuchar por enésima vez el Guantanamera en directo (y eso que sólo llevábamos un día allí!). Y, ya por la noche, nos fuimos a cenar al Miramar…donde Víctor consiguió que nos rebajaran el precio de la cena por primera vez en el viaje (qué gran regateador!). Y luego, tras una aventura en disco-gua-gua y por las oscuras calles habaneras, nos fuimos a la terraza del hotel a jugar al yo-nunca-he con el ron que habíamos comprado esa mañana…fue una noche estupenda, acompañada de numerosos descubrimientos ^^

Al día siguiente, Víctor hizo de guía para nosotros, y visitamos lo que nos quedaba de ciudad. Entre otras cosas, entramos en el Museo de la Revolución, nos hicimos fotos con un tanque que había enfrente al modo berlinés (repetimos unas cuantas tradiciones allí instauradas: la foto imitando al arquero, los leones del Capitolio, el tanque…). Pero en este último día en La Habana estábamos ya cansados, y hacíamos paradas para descansar más largas que la propia visita xD. En una de ellas, a la orilla del mar, fuimos testigos de las declaraciones de amor entre Alejandro y Alfredo, Adrián y Nacho… qué bonitoooo :P

Más tarde, antes de ir a ver el atardecer en el Malecón, unos cuantos nos fuimos a probar el daiquirí de El Floridita (sí, la ruta turística incluía los lugares en que Hemingway se deleitaba con el aclohol ;) ). Luego, bajando por el Prado, nos encaminamos al Malecón y estuvimos un ratito allí sentados disfrutando de las vistas al atardecer.

Atardecer en el Malecón

Atardecer en el Malecón

Por la noche, cenamos en el hotel platos varios y después se montó una timba de póker mentiroso…y luego a la cama que al día siguiente había que madrugar.

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