Ulm y Blaubeuren ’10
El domingo fuimos a visitar Ulm, ciudad famosa por su, mal llamada, catedral; puesto que nunca ha albergado un obispo. Para ello, los alemanes, en lugar de decir Dom (catedral) dicen Münster, que no tiene una traducción literal al español, al menos que yo conozca. A la vista, un Dom es indistinguible de un Münster. La única diferencia es si ha albergado alguna vez o no a un obispo.
Además, nos acercamos también a Blaubeuren, un pequeño pueblo a diez minutos en tren, y en el que nace el río Blau, un afluente del Danubio a su paso por Ulm.
Blaubeuren
Cuando llegamos a Ulm, hicimos una breve parada en la estación y cogimos algo para comer en el Nordsee, una cadena alemana de restaurantes con comida tanto para tomar allí como para llevar. Está toda basada en pescado y otros productos del mar, muy barata y sabrosa. Enseguida nos subimos a un tren de cercanías, el S-bahn, y en diez minutos llegábamos al pueblo.
La estación era muy pequeña, con sólo dos vías y un paso a nivel, sin túnel… primer signo de lo pequeño que era el pueblo. No había gente a quien preguntar por el camino al Blautopf, nuestro destino, ni ninguna oficina de turismo a la vista; pero encontramos un mapa del pueblo con el camino indicado, que era muy sencillo: seguir una calle, bastante larga eso sí, hasta el final. Así pues, nos pusimos en camino, disfrutando de las vistas del río Blau, que aparecía y desaparecía entre las casitas al borde de la calle.
Pasado un rato, comenzamos a ver la montaña en que se encuentra el Blautopf. Hay distintas rutas para escoger, algunas de ellas de más de veinte kilómetros. Como no teníamos mucho tiempo, decidimos hacer la más corta, de unos tres kilómetros. En ella se sube a ver el nacimiento del río Blau y el Kloster Balubeuren, una abadía benedictina.
El agua del manantial en que nace el río es de un tono azul muy peculiar, de ahí el nombre de Blau, azul en alemán. Dicho color se debe, en parte, a que el manantial llega a alcanzar los 21 metros de profundidad en algunos puntos. Está además rodeado por árboles y un molino. Al otro lado habían montado unas gradas y un escenario, en el que había niños cantando. También se podían comprar helados o salchichas en alguno de los puestos que habían colocado alrededor del manantial.
Tras dar una vuelta y comernos un helado escuchando a los niños, con el agua al fondo, entramos a la abadía. Es una ciudad en miniatura, con diversos edificios que servían como claustro, iglesia, establos o panadería. En la iglesia destaca el retablo, con una representación de la Última Cena en la parte inferior y la Virgen junto con cuatro apóstoles en la superior. Entre los edificios hay jardines muy verdes y cuidados. Además, esta pequeña aldea dentro de Blaubeuren está rodeada por las montañas y el bosque, un pequeño paraíso.
Ulm
Después de ese paseo por un pequeño pueblo muy tranquilo, con pocos turistas y mucho silencio, salvo en el Blautopf, volvimos a la ciudad de Ulm. Desde la estación, siguiendo de nuevo los mapas que encontramos en la calle, nos dirigimos a la catedral. De nuevo, nos bastó con seguir una calle que salía de la estación y llevaba a la zona peatonal del centro. Como ya se acercaban las seis de la tarde, decidimos, lo primero, subir a la torre, que se veía imponente desde abajo, por si cerraban la entrada pronto.
Al comprar el ticket para subir, vimos que nos esperaban nada menos que 768 escalones. ¡Una locura! A medida que subíamos, íbamos haciendo paradas de vez en cuando, para que yo no muriera en el intento de llegar a “la cima”. De hecho, cuando ya creíamos que habíamos terminado, descubrí un nuevo tramo de escaleras…es el conocido como Tercera Galería, y que fue añadido al diseño original para que la torre fuera más alta que la de la catedral de Colonia.
A pesar del cansancio y de al principio pensar que podía haberme callado y no haber dicho nada sobre este último tramo, las vistas desde arriba merecen la pena. Por un lado se ve toda la ciudad de Ulm, con los típicos tejados muy inclinados de un tono marrón, teja; por otro el Danubio y su afluente el río Blau, rodeados de bosque y montañas; y por último se puede ver Neu-Ulm, Nueva Ulm, en Bavaria. Según dicen, en un día claro pueden verse incluso los Alpes…pero nosotros no conseguimos verlos. De cualquier modo, la perspectiva desde la catedral más alta del mundo es impresionante.
Al bajar dimos una vuelta por el interior. En él destacan numerosos escudos en las paredes, así como un ángel guerrero, con una espada y un escudo. Por lo demás, es como el resto de catedrales, con columnas muy gruesas, como cabe esperar dada la altura de la torre.
Al salir dimos un paseo por el centro, por la Fußgängerzone o zona peatonal con sus heladerías, sus tiendas y sus casitas. Como desde arriba ya nos habíamos hecho una idea de cómo era la ciudad, y no parecía que hubiera mucho que visitar, después de pasar un rato deambulando sin rumbo fijo nos encaminamos a la estación. Cuando ya estábamos bastante cerca, oímos un ruido extraño…y era el río Blau, suponemos, que corría con fuerza tras una calle. Había además una muralla de piedra pasando por encima del río y un sauce llorón, sobre una especie de muelle pequeño de madera, en el que nos sentamos un rato, con el sol poniéndose por detrás de la muralla y el río. El ruido del agua acallaba el de la ciudad, haciendo el lugar muy acogedor.
Con esta parada terminó la excursión de este domingo. Fue un día genial, sin prisas y con mucha tranquilidad, disfrutando tanto del paisaje de la zona como del pueblo de Blaubeuren y la ciudad de Ulm. Blaubeuren no es un lugar muy conocido, al menos no tanto como Ulm; sin embargo, a mí me gustó bastante más. Es un sitio diferente, con un manantial de agua muy azul que no puede encontrarse en muchos lugares.




