Worms y Speyer ’10
Como hicimos el domingo anterior, este último sábado en tierras alemanas fuimos a visitar dos ciudades. Esta vez era el turno de Worms y Speyer, ambas muy cerca de Heidelberg aunque en otro Bundesland: Rheinland-Pfalz. Como consecuencia, los trayectos en tren se redujeron considerablemente con respecto a otras ocasiones.
Worms
En primer lugar fuimos a Worms, la ciudad más antigua del país, fundada antes de la llegada de los romanos a orillas del Rin, como Colonia, otra de las ciudades más antiguas y también en el Rin.
Una de las primeras cosas que te encuentras al salir de la estación y dirigirte al centro es un enorme monumento a Lutero, el más grande del mundo. La razón es que Lutero fue un personaje importante en esta ciudad; ya que, en el siglo XVI, el emperador Carlos I (o V para los alemanes), en la Dieta de Worms prohibió la lectura y difusión de sus escritos y ordenó su arresto y condena. Sin embargo, Lutero logró escapar y refugiarse en el castillo de Wartburg, en Worms también, no siendo nunca encarcelado dado el apoyo que logró obtener en todo el país. El monumento está compuesto por una estatua del propio Lutero en el centro, sus seguidores a sus pies y diversas placas en las que se resumen la historia de la Reforma. Es realmente impresionante.
Si seguimos andando por el parque en donde se encuentra este monumento, se llega a la catedral, dedicada a San Pedro. Es una de las Kaiserdom o catedrales imperiales, junto con las de Mainz y Speyer, que visité al día siguiente, en el primer caso, y esa misma tarde en el segundo. Es una de las mejoras muestras del estilo románico en Alemania, con sus cuatro torres circulares en las esquinas. El interior es menos austero que en otras catedrales románicas, con vidrieras de colores, rojo en especial, el altar decorado con oro, numerosas esculturas en las paredes,…
A continuación nos acercamos al río. En nuestro camino, hubo un punto en que nos perdimos un poco, ya que las callejuelas pequeñas no salían todas en el mapa; pero un hombre muy amable se acercó a nosotros y nos preguntó dónde íbamos. Al decirle que al río, nos enseñó el camino, y, además, nos llevó a ver una casa muy curiosa, pintada de muchos colores y con una especie de taller en la terraza.
Al llegar finalmente al río, decidimos sentarnos un rato a descansar. Además del agua, se veía el puente de los Nibelungos, con las torres del mismo nombre desde las que se puede ver toda la ciudad. Ese día estaban cerradas y no pudimos subir, pero sí verlas desde abajo, desde la carretera. Son realmente bonitas.
Y no sólo tienen los Nibelungos un puente en la ciudad; sino también diversos monumentos por el centro. Ello se debe a que la mayor parte de la historia del Cantar de los Nibelungos transcurre en este ciudad, a la que llegó Sigfrido para casarse con Crimilda y donde fue asesinado. Entre las referencias al Cantar destacan una hermosa fuente, con diversos personajes en el centro y placas imitando hojas del libro, con sus texto incluido. Vista a una cierta distancia, los personajes parecen componer el mástil de un barco y las hojas, las velas y el casco.
De vuelta al centro, y antes de comer en uno de los numerosos kebabs e irnos a Speyer, visitamos una sinagoga. En la familia me habían dicho que fuera a verla, que merecía la pena puesto que es bastante antigua y puede visitarse incluso el pozo donde hacían el baño ritual. No nos costó mucho encontrarla, en el barrio judío, y realmente era un lugar curioso.
Speyer
Al llegar a Speyer, intentando encontrar el camino al centro, nos encontramos con dos iglesias enormes. Tanto, que hubiéramos creído que eran la catedral si no hubiésemos visto antes fotos en internet. La primera tenía torres similares a las de Worms, mientras que las de la segunda eran altas, de estilo gótico, y ambas se encontraban a escasos 100 metros de distancia. Entramos en las dos; pero no nos entretuvimos mucho para que no se nos hiciera tarde y cerrasen la catedral.
Tras unos minutos deambulando, encontramos la calle peatonal que desembocaba en la catedral. Su aspecto es completamente distinto a todas las que había visto antes: con los tejados de distintos tonos de verde, la fachada con líneas de dos colores distintos, las torres de un tercer tono y otra torre más ancha y baja en el centro aún de otro color. Por dentro, en cambio, no es tan impresionante, más parecida a otras. Lo que me hizo pensar que es probablemente su exterior lo que la ha hecho merecedora de ser patrimonio de la UNESCO.
Al lado de la catedral comienza un parque enorme que llega hasta la orilla del Rín. Al principio hay diversas estatuas un tanto extrañas: en un mismo lugar, hay juntos soldados de, probablemente, la I ó la II Guerra Mundial, con sus cascos, y un rey rodeado de cruzados, con sus escudos y espadas. Así, andando por algunos de los caminos, llegamos hasta el río. Al contrario que en Worms, por ejemplo, había pocos barcos de paseo y prácticamente ningún restaurante. Sólo había una estatua… con cabeza de pájaro, un ala y una aleta como de ballena… Bastante bonita, eso sí.
Tras un rato, volvimos al centro atravesando de nuevo el parque por otro de los caminos. Mas al acercarnos a la catedral, en lugar de volver a la calle peatonal, seguimos unas indicaciones hacia la Altstadt o casco histórico. Allí nos encontramos con numerosas calles adoquinadas, muy tranquilas y sin apenas gente, con casas bajas y sin tiendas…encantador para dar un paseo al final del día. Así, tras deambular un rato por las calles, sin rumbo fijo, volvimos de nuevo a la catedral y nos compramos unos helados gigantes, como ya se iba haciendo costumbre.
Al final, y ya de camino a la estación, vimos un pequeño puesto con salchichas y, como ya teníamos hambre, nos sentamos a cenar algo. La mesa era muy curiosa: en lugar de la típica mesa de chiringuito blanca o con publicidad, era bastante más grande y estaba decorada con todos los ganadores de los mundiales de fútbol…menos España! Habrá que volver el año que viene a ver si se han actualizado!
Con esto, y una breve parada en un pequeño parque con un estanque lleno de hojas de nenúfar, concluyó el día. Ambas ciudades son muy tranquilas y no muy grandes. Sin embargo, ambas ofrecen numerosas atracciones al turista, combinando los parques con las zonas urbanas. Por todo ello pasamos un día muy agradable a la par que tranquilo.





