Mainz y Wiesbaden ’10
Con la visita a Mainz, o Maguncia, y Wiesbaden el domingo, terminó mi último fin de semana en Alemania. Ambas ciudades, aun siendo las capitales de dos Länder distintos (Rheinland-Pfalz la primera, Hesse la segunda), están separadas por tan solo un puente sobre el Rin. Así, a pesar de que mi idea inicial era ir sólo a Mainz, al decirme en la familia que Wiesbaden era también muy bonita y lo fácil que es llegar de una a otra en tren, decidí ir allí por la tarde. Ambas son muy distintas, destacando Wiesbaden por su opulencia y Mainz por su vida universitaria.
Mainz
Dado que Mainz no está lejos de Heidelberg, llegué pronto a la estación. Al bajar del tren, como no tenía mapa de la ciudad, pregunté por la oficina de turismo más cercana, y me dijeron que estaba en el centro, cerca del río. Nada más salir de la estación vi un pequeño mapa de la ciudad en una placa informativa, lo que me sirvió para guiarme y llegar al centro: tenía que seguir un par de calles hasta el final…lo que me hizo pensar que quizá el centro no estaba tan cerca como creía. Y, efectivamente, tardé una media hora en llegar. Sin embargo, fue un paseo agradable.
La parte de la ciudad cercana a la estación es bastante nueva, por lo que los edificios no tienen mucho encanto; mas, según te acercas al casco histórico, la arquitectura va cambiando, mostrando la importancia de esta ciudad en la historia: ya para los romanos era una de las principales fortalezas en el Rin, luego pasó a albergar a uno de los Príncipes Electores, y en el siglo XV Gutenberg inventó aquí la imprenta.
Así, cuando ya me quedaban sólo unos 200 metros para llegar al Rin, vi la primera de las muchas iglesias de la ciudad: St Peter. Como la mayoría de ellas, por fuera era de un tono marrón rojizo y con tejados negros. Pero su interior era increíble, barroco, con numerosas estatuas y bordes de oro. Al otro lado de la calle hay además un bonito parque, con una enorme fuente de piedra, un pequeño arco y una columna conmemorativa.
Siguiendo el parque, se llega enseguida al Rin. En la orilla hay una gran explanada adoquinada, con escalones al principio, por la que la gente pasea o se sienta un rato. Y antes de la explanada hay un paseo de arena con árboles a ambos lados, paralelo al río y a la avenida por la que circulan los coches.
En lugar de seguir caminando por la orilla en dirección al centro, fui en la dirección opuesta siguiendo unos carteles hacia la Christuskirche. Por esta zona las calles eran amplias y con numerosos árboles, los edificios muy bonitos. Y tras una curva apareció la iglesia: su cúpula me recordó a la de St Paul’s de Londres, también de color gris aunque considerablemente más pequeña. Por dentro, sin embargo, al tratarse de una iglesia evangélica, es bastante austera. Y al otro lado de la iglesia, hay un gran parque, con otra hermosa fuente, seguido por la Kaiserstraße, un gran bulevar.
Tras esta pequeña incursión en el interior de la ciudad, volví al río y continúe hacia el centro, pasando por el nuevo ayuntamiento, acristalado, y por el Theodor-Heuss-Brücke, un puente sobre el Rin. Justo después de él, hay una zona llena de hamacas y sombrillas donde la gente, en días soleados, puede ir a pasar el rato e incluso comprarse un helado en alguno de los chiringuitos. En esta zona la explanada ya no era de adoquines sino de cemento, algo menos bonito pero mucho más cómodo para andar.
Poco después, llegué finalmente a la Catedral, en el mismísimo centro de Mainz. Es una imponente basílica de arenisca roja y una de las tres Kaiserdom o catedrales imperiales de Renania, junto con las de Worms y Speyer, de estilo románico. Aquí además se coronaba a los reyes alemanes durante la Edad Media. Por dentro es impresionante, repleta de esculturas tanto en los laterales como sobre las columnas que sostienen la nave. Además, el claustro, con el suelo completamente cubierto de césped, es bellísimo.
Al salir de la catedral y rodearla por el exterior, llegué a la Gutenbergplatz, una plaza enorme con muchísimos comercios y bares. También había un pequeño puesto ambulante que vendía Bretzels de todos los tamaños. Con lo que decidí comprarme uno y comer en uno de los bancos, frente al Staatstheater.
Después de comer, y tras dar una vuelta por el centro, me encaminé, por las calles peatonales típicas de toda ciudad alemana, a la estación. Cuando éstas acabaron pasé, entre otros sitios, por la Schillerplatz, con una gran estatua de Schiller y diversos museos a su alrededor.
Wiesbaden
En unos cinco minutos en tren se llega a la capital del Bundesland vecino: Wiesbaden. Como ésta era una visita que había decidido a última hora, y encima era ya domingo por la tarde, con lo que la oficina de turismo estaría cerrada, lo único que podía hacer era pasear por la ciudad y acercarme a los lugares que parecieran más interesantes. Al volver a España y buscar un poco por Internet, descubrí con satisfacción que no me había perdido nada…a excepción de una bonita iglesia rusa; pero luego vi que estaba a unos cuatro kilómetros del centro…
Frente a la estación hay un parque bastante grande, donde había muchísima gente de picnic, jugando al fútbol o simplemente hablando. Paralela al parque va una de las principales avenidas de la ciudad: la Friederich-Ebert Allee. Ésta parte de la estación y llega hasta la Rheinstraße, un gran bulevar al final del cual está la Ringkirche, una gran iglesia protestante, con dos torres gemelas y cuya nave tiene forma de anillo, de forma que los asientos forman un semicírculo entorno al altar. Otra de las principales arterias de la ciudad es la Willhemstraße, muy elegante y continuación de la Friederich-Ebert Allee.
Muy cerca de la Ringkirche se halla la Bonifatiuskirche, principal iglesia católica de la ciudad. Sus altísimas torres y el tono rojizo de su fachada son similares a los de la Marktkirche, principal iglesia protestante de Wiesbaden y el edificio más alto de la ciudad. Sin embargo, esta última no tiene sólo dos torres sino tres en la fachada principal y dos más por detrás. Ambas iglesia son muy grandes y se encuentran a escasos 200 metros de distancia.
La Marktkirche se halla en la Schlossplatz, centro de la ciudad por lo que pude ver. En dicha plaza se encuentran también el antiguo Palacio Ducal y tanto el antiguo como el nuevo ayuntamiento. Por detrás se halla la zona peatonal con todas las tiendas, bares y heladerías. Y a la derecha se encuentra el Kurpark, un gigantesco parque con lagos y zonas verdes, que da paso a varios museos, el bonito Staatstheater y el famoso Kurhaus, o complejo de spa, que incluye hasta un casino.
En el Kurhaus figura la inscripción “Aquis Mattiacis“, que tiene como origen el primer nombre con que se menciona a la ciudad en tiempos romanos: Aquae Mattiacorum. Y es que Wiesbaden es una de las ciudades spa más antiguas de Europa, con sus numerosas fuentes de aguas termales, muchas de las cuales se conservan en la actualidad. Entre los visitantes más conocidos de la ciudad se encuentran compositores como Wagner y Brahms, y escritores como Dostoievsky, quien encontró aquí el personaje para su novela El Jugador.
Enfrente del Kurhaus se encuentra el Bowling Green, una gran explanada verde con dos bonitas fuentes. A un lado se halla la Kurhauskolonnaden, la estructura más larga de Europa soportada por columnas, y el Staatstheater. Todo ello forma un conjunto espectacular.
Después de pasear por estas zonas verdes, partí camino de la estación. En el camino de vuelta vi numerosas casas bastante grandes y muy elegantes, como la Villa Clementine, a los lados de la Willhemstraße, muestra de la opulencia que caracterizan a esta ciudad.
Y con esta visita y lo que hice durante la semana en Heidelberg, acabó mi más que probablemente último viaje de verano para aprender idiomas. Han sido cuatro veranos inolvidables, que echaré de menos. En todos ellos he conocido gente de distintos países y he hecho buenos amigos, además de disfrutar de culturas tan distintas como la alemana y la maltesa.
En cuanto a Alemania, es un país que cuanto más conozco, más me gusta. En estos casi dos meses que he pasado allí en total, además de la visita con amigos a Berlín, me queda por ver el norte. Espero poder hacer un viaje por allí en un futuro cercano, a ser posible antes de cumplir los 26, para que el billete de interrail para ir de una ciudad a otra sea más económico.






Yo he estado hace unos días!
Para otra visita, una cosa impresionante es recorrer una carretera que va lindando el Rin (hay una a cada lado de hecho) durante unos 50Km. Hay muchísimos castillos que visitar. De noche es igual de bonito ya que los castillos están cuidadosamente iluminados.
13 enero 2011 a las 20:49
Lo tendré en cuenta si alguna vez voy en coche por allí!
13 enero 2011 a las 21:10