Cala Gonone ’10

En la segunda parte del viaje a Cerdeña fuimos a la playa, a Cala Gonone. Es un pequeño pueblo en la costa este de la isla, en el golfo de Orosei, donde pasamos cinco días. Como dije en el post anterior, aun cuando la distancia a la costa sea pequeña, la diferencia de altura es muy grande: hay cuestas muy empinadas por todas partes. De ahí que en la mayoría de los hoteles haya transporte gratuito a la playa. En el nuestro, todo el mundo tenía coche; por lo que nosotras éramos las únicas que lo usábamos. Era como tener un chófer particular…¡que resultó ser también el cocinero!

Cala Gonone

Cala Gonone

La primera noche nos quedamos en la terraza del hotel. Tenía una zona con mesas, rodeada de plantas y con antorchas en la valla que separaba las mesas de la calle que llevaba al garaje y a la piscina. Ésta era además muy grande, de más de 25 metros, y en alto, con muchísimas tumbonas para tomar el sol. Había gente que se quedaba allí todo el día; pero nosotras la aprovechamos a la vuelta de la playa, a las 17h, antes de subir a ducharnos y cenar. A esas horas, el sol se escondía rápidamente detrás de las montañas; por lo que al estar en alto la piscina duraba el sol más rato en que en la playa.

A la mañana siguiente bajamos a la playa después del desayuno, que incluía desde embutidos, huevos fritos o salchichas, hasta todo tipo de bollos y panes. La playa era de piedrecitas muy pequeñas…a primera vista inofensivas, pero que nada más quitarte las chanclas se clavaban en la plantas de los pies sin ninguna compasión. Menos mal que había poca gente, y te podías colocar como mucho en tercera fila, con lo que el trayecto hasta el agua no se hacía muy largo.

Y es aquí donde descubrimos por qué los sardos están todos tan morenos: en tres días de playa, ¡nos pusimos más morenas que pasando un mes entero en Torrevieja! No sé si será porque las piedrecitas reflejan el sol o por alguna otra razón, pero el sol en Cerdeña “pega” mucho más que en Levante. Además, la temperatura es más baja, siempre hacía viento y, al no haber tanta gente, se estaba mucho más a gusto.

 

Costa del golfo de Orosei

Costa del golfo de Orosei

Así pasamos los días en la playa: tomando el sol y bañándonos cuando teníamos calor. El agua, al no haber arena, estaba limpísima. Y a la hora de comer, encontramos un chiringuito, con su techo de paja, donde servían una comida muy buena. La especialidad parecía ser un plato de arroz con todo tipo de productos del mar, unas enormes rajas de sandía y los cócteles. Por lo que dejamos atrás las pizzas de Cagliari y disfrutamos de la comida más propia de la costa.

Cala Luna y la Grotta del Bue Marino

El segundo día decidimos hacer una excursión en barco por el golfo. La primera parada era la Grotta del Bue Marino, que recibe su nombre de sus antiguos habitantes. Con 15 km de longitud, se accede a ella por el centro, y sólo alrededor de 1 km puede visitarse sin necesidad de llevar casco. Esto es lo que nos enseñaron, a través de una pasarela que recorría este trozo de la cueva. Se pasaba por distintas zonas, entre las que destacan una con enormes estalactitas y estalagmitas, y otra conocida como la “zona de los espejos” por cómo refleja el agua todas las paredes. Es increíble. Nos contaron además que, dada la gran longitud de la cueva, en ella hay diminutos cangrejos blancos ciegos…pero no pudimos ver ninguno.

Cala Luna

Cala Luna

Al salir de la cueva, nos despistamos y perdimos el barco que nos llevaba a la cala; pero los sardos que llevaban los distintos barquitos fueron muy amables y nos dejaron volver al puerto de Cala Gonone y desde allí ir a la cala sin pagar ningún extra. Así, seguimos recorriendo el golfo durante todavía un buen rato, disfrutando de las pequeñas cuevas aquí y allá y del agua cristalina.

Cuando al final llegamos a Cala Luna y nos bajamos del barquito, habiendo desayunado por el camino, seguimos un estrecho sendero entre las rocas hasta llegar a la arena de la playa. Desde el punto más alto hay una bonita perspectiva de la cala, con el mar a un lado, la arena después y una laguna rodeada de juntos detrás, que puede atravesarse con una pasarela de madera. Y al fondo, las montañas.

Pero la cala no se acaba ahí: al final hay un trozo con rocas, que pueden, literalmente, escalarse, hasta llegar al otro lado. Como todo el mundo iba con chanclas, parecíamos cabras. Pero merecía la pena: allí hay una serie de cuevas a las que no llega el agua. En varias de ellas había grupos de gente joven tocando la guitarra, charlando…en definitiva, pasándolo bien.

Tras el paseo para ver estas cuevas, distintas completamente de las que dan directamente al mar, descansamos en la arena y nos bañamos, hasta que llegó la hora de volver a Cala Gonone. En el puerto había además un mercadillo, que nos sirvió para hacer alguna compra y pasar el rato hasta que llegó el coche del hotel para recogernos y llevarnos de vuelta a la piscina.

Una de las cuevas del golfo de Orosei

Una de las cuevas del golfo de Orosei

Y con estos días en la playa acabaron las vacaciones y prácticamente el verano…de los tres meses, quedaban sólo un par de semanas. Cerdeña me encantó, y, dado lo bien que me han hablado de Alghero tanto el taxista que nos llevó a Nuoro a coger el autobús de vuelta a Cagliari como algún amigo, espero volver a la isla no dentro de mucho, esta vez a la otra costa, pero con un mismo objetivo: pasarlo bien, hacer algo de turismo, y disfrutar de unos días de sol y playa.

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